Wallpaper Devon Jade

Os dejo este hermoso wallpaper de Devon Jade que le he visto al usuario wiscot del foro de Manjaro.

Buscando por google images lo he encontrado y la verdad, la chica enamora a simple vista, y por el color y textura del Wall pienso que iría bien para Openbox, Xfce, Gnome y Cinnamon 😉

Así se ve en mi Manjaro Xfce.

Manjaro-Devon-Jade

Está a una resolución de 1900×1200, descarga desde mi Dropbox.

Enjoy 😉

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10 comentarios en “Wallpaper Devon Jade

  1. Hoy, 3 de septiembre se conmemoran 77 años del arribo a Valparaíso, Chile, del vapor “Winnipeg”, procedente del puerto francés de Trompeloup-Pauillac con 2200 refugiados españoles republicanos y comunistas, la mayoría andaluces, que se encontraban en campos de concentración franceses hacinados y miserables.
    El viejo carguero, que normalmente no llevaba más de 20 personas, fue adaptado para acomodar a 2200, por gestión del poeta Pablo Neruda, su esposa Delia del Carril y por el presidente chileno de la época, don Pedro Aguirre Cerda, que buscaba mano de obra calificada y gente trabajadora para Chile.
    http://es.wikipedia.org/wiki/Winnipeg_%28barco%29

    Entre esos 2200 venía José, con su esposa, claro.
    Recibió del gobierno de Chile una pequeña ayuda y José, con ese pequeño capital, comenzó, en una maleta, a vender ropa puerta a puerta y, mi madre, maestra de escuela primaria, fue una de sus primeras clientas.
    Un día, mi madre le dijo a José:
    Don José- ¿por que no nos visita en la escuela y le ofrece su mercadería a los maestros y apoderados?
    ¡Muchas gracias señora Graciela! – dijo José, con una gran sonrisa. No sabe cuanto esperaba esta oportunidad.
    Y comenzó José a progresar vendiendo a todos los maestros y empleados de la escuela, además de muchos apoderados. Luego se sumaron otras escuelas y José consiguió que se descontara por planilla de sueldos a los maestros sus ventas y él, siempre con su sonrisa atendía a todos sus clientes.
    Pasó el tiempo y mi madre llegó a ser la directora de la escuelita pobre donde trabajaba y un día vino José:
    -Señora Graciela, tengo en el negocio unas camisitas que tienen algunas fallas, le faltan botones y eso. – ¿No le servirían a los niñitos pobres que tiene en la escuela?-
    -Claro que si, respondió mi madre, tenemos muchas familias humildes aquí. Gracias don José.
    Y así comenzó todo.

    Señora directora, tengo unos zapatitos de saldo, ¿se los mando?, usted sabe, para los niños pobres.
    Sii! Muchas gracias don José.

    La tienda de José crecía y crecía. Ya todos los profesores, de todas las escuelas de la comuna tenían cuenta en su tienda y pronto compró toda la esquina e instaló vitrinas enormes donde exhibía sus mercancías, ya no sólo ropa. Artículos de cocina, zapatería, electrodomésticos y la tienda de José, llegó a ser la más grande del pueblo donde nosotros vivíamos y, todos los meses llamaba o venía José a la escuela:
    Señora directora, tengo un saldo de cerámicos y azulejos que podrían servir para arreglar los baños de la escuela…
    Gracias don José, claro que nos sirven ¿sabe? Estamos en la semana del niño y tendremos fiesta…
    Usted sabe, señora Graciela que no puedo tener hijos, así es que los de la escuela son como si lo fueran…
    Se iba José y al rato llegaba la camioneta de reparto de la tienda con 50 litros de leche y una canasta de pancitos dulces para los niños…
    Y pasaron los años.
    Las sienes de José comenzaban a blanquear y mi madre había sido ascendida a un cargo superior y ése sería el último año en que ejercería como directora, así es que, por primera vez, la escuela agradecería a José su cooperación de tantos años. Era Navidad.
    A las nueve de la mañana llegaron los niños a la casa de José, día festivo, así es que la tienda estaba cerrada. Cinco primeros básicos y Kindergarten llegaron a la vereda de José y comenzaron a cantar.

    El Burrito de Belén.
    El Tamborilero.
    Al sentir la música, José y su esposa, aún con bata de levantarse se asomaron al balcón, en el segundo piso de la tienda.
    Niñitos de cinco y siete años, con coronitas de flores, algunos en plena dentición, con guitarras y panderos, sonriendo felices cantando villancicos… ¡para EL!
    Una niñita, de seis años, subió a una silla, improvisado escenario, y recitó:

    Camina la Virgen pura
    de Egipto para Belén,
    y en la mitad del camino,
    el niño tenía sed.
    Allá arriba, en aquel alto
    hay un lindo naranjel,
    un ciego lo está cuidando
    ciego que no puede ver.
    Ciego mío, ciego mío,
    si una naranja me dier,
    para la sed de este niño
    un poquito entretener…
    ¡Tomadlas no más señora!
    ¡Tomad las que quisier!
    El niño, como era niño,
    todas las quiere coger.
    La Virgen, como era virgen,
    no cogía más que tres.
    Apenas se va la Virgen,
    el ciego comienza a ver.
    ¿Quién ha sido esta señora,
    que me ha hecho tal merced?
    Ha sido la Virgen pura,
    que va de Egipto a Belén.

    Le sonrió la niña, con su boquita sin dientes y le aventó un beso con su manito. José estaba muy serio.
    Pálido y en silencio. De pronto, desde el meñique de su pié, comenzó el corto-circuito, corrió por todas las venas de su cuerpo, le partió el corazón en dos y, como un volcán emergió un sollozo más grande que el firmamento y un ¡Dios mío, no!
    Abrazó a su mujer, para ocultar sus lágrimas de hombre mientras saltaban de su cabeza, como metralla, rebotando en los árboles, el las casas vecinas, en los parabrisas de los automóviles sus recuerdos terribles de la guerra. Fue ese 26 de abril, al ver su casa destruida, las casas de sus amigos, las de sus vecinos y las caritas de niños gritando de horror mientras caían bombas arrojadas por aviones extranjeros cuando sintió ese dolor tan grande, ese crujido del alma cuando se desgarra y después el vacío. Ya no más. Nunca más. Su alma había quedado ciega, ciega a las emociones y al dolor…
    Y luego el campo de refugiados, el recuerdo de su España querida, el hambre, el frío, el abandono y lo peor, el olvido.
    Lejos, si, iría lejos, ya no más minorías controladoras, ya no más odio, ya nunca más el ritmo machacón de los desfiles militares, sólo el trabajo y la paz…

    Esa niñita era la Virgen y él el ciego, ciego de amargura, de nostalgia, de esa pena que había envilecido su corazón por tantos y tantos años. Su ayuda a la escuela, por años, eran las naranjas del “naranjel” que el cuidaba y la vocecita de los niños, como un bálsamo milagroso, como las lágrimas de María, iban, despacito, lavando todas sus viejas heridas…

    Ese año nos fuimos del pueblo y ya no volví a ver a José. Supe mucho después que había muerto anciano y satisfecho y que a su funeral habían asistido más de tres mil personas.

    P.D.

    José:
    Si la reencarnación existe, quiero encontrarte de nuevo en esta Tierra en nuestra próxima venida. Hay que hacer reparaciones. Hay que hacer reparaciones al daño que ha hecho a este planeta esta quinta raza egoísta y decadente. Quiero trabajar contigo, hombro a hombro, corazón a corazón. Para que, una vez terminada la faena, nos podamos sentar a la mesa, cansados pero felices y podamos disfrutar, juntos, el vino del orgullo y el pan de la libertad.

    Han pasado 55 años y yo fui uno de los niños que cantó para ti, tenía 9 años.

    Cum dederit dilectis suis sumnum;
    Ecce haereditas Domini, filii:
    Merces, fructus ventris.

    (colma a sus dilectos en su sueño.
    He aquí la herencia del señor, a sus hijos:
    su recompensa, el fruto de sus entrañas)

    Antonio Vivaldi,

    Eduardo.

    3 de septiembre 2013.

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  2. Buena tierra Chile, y mejores personas que he encontrado, para ya parto este mes de Septiembre, Desgraciadamente España es un pais para vivir (media Europa quiere vivir aqui) pero no es un pais para trabajar.

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